Devocional · 30 de octubre de 2026
Cuando pases por las aguas: la promesa que no evita el río
Isaías 43:2
RV1960
El contexto
Isaías 43 habla a un pueblo que ya conoce el destierro: el fuego y el agua son imágenes de lo que está por venir y de lo que ya pasó. Antes de este versículo el capítulo dice que Dios lo creó y lo formó, y después promete el regreso. Es un texto de éxodo repetido, no de una vida sin desiertos.
El versículo empieza con una palabra que lo decide todo: *cuando*. «Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti». No dice *si* pasa por el río, ni promete un camino seco. El texto da por hecho el agua y el fuego, y lo que promete es otra cosa: compañía dentro del agua y que la llama no consume. Esto es lo contrario de la promesa que solemos querer. Preferiríamos que el río no llegara. El texto insiste en que sí llega y que no nos traga. Y hay un detalle del lenguaje: se habla de *pasar por*, no de quedarse: lo que se atraviesa tiene un otro lado, aunque hoy no se vea.
Aplicación práctica
Escribe el agua que estás atravesando hoy y, al lado, una sola frase de lo que estarías dispuesto a pedirle a Dios si no pudieras pedir que el agua se vaya. Después pide eso. Es la oración más honesta que este versículo permite y la que menos decepciona: la que no pone la fe en que el problema desaparece, sino en quién va contigo dentro.
Para meditar
¿Qué estás atravesando mientras le pides a Dios que te lo quite?
Oración
Señor, tú no me prometiste aguas quietas: me prometiste estar dentro conmigo. Sosténme en el paso, aunque no vea todavía la otra orilla.
Dirección editorial de RAÍCES · Revisión: Javier Tufiño