Devocional · 22 de octubre de 2026
Aunque caí, me levantaré: la frase que habla un enemigo
Miqueas 7:8
RV1960
El contexto
Miqueas 7 es el cierre del libro y tiene tono de litigio y después de confianza. El profeta habla de la descomposición del país —los justos escasean, la confianza entre vecinos se rompe— y en la mitad del capítulo pasa de esa descripción a hablar en primera persona a su enemiga. El versículo 8 es el giro del capítulo, y el que sigue insiste en que la indignación de Dios duraría hasta que él juzgue su causa.
El versículo es raro porque no es una oración de fe a solas: es una respuesta a un enemigo. «Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz». El profeta no niega la caída —la nombra— y no niega la oscuridad —dice que habita en ella—. Lo que niega es que ninguna de las dos cosas sea el final. Y el orden importa: primero *caí*, después *me levantaré*. Hay una lectura fácil que convierte esto en un eslogan de superación personal; el texto es más sobrio. Entre caer y levantar no hay mérito propio: la razón que da es que Jehová será su luz, no que tenga fuerzas para otra ronda.
Aplicación práctica
Escribe la caída que todavía te avergüenza y procura no explicarla ni justificarla en el párrafo. Después añade, con la misma letra, una sola frase: quién es tu luz en ese asunto. Guárdalo. Y esta semana, si alguien intenta alegrarse de ese lugar, no te defiendas: el texto no pide defensor, pide levantarse.
Para meditar
¿De qué caída sigues esperando que otro no se alegre para poder levantarte?
Oración
Señor, caí y tú lo sabes. No me dejes quedarme en el suelo esperando a que me aplaudan el regreso. Sé tú mi luz.
Dirección editorial de RAÍCES · Revisión: Javier Tufiño