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Devocional · 20 de octubre de 2026

Alzaré mis ojos: de dónde viene el socorro que no fabrico

Salmo 121:1-4

RV1960
Salmo 121:1-4 — Alzaré mis ojos: de dónde viene el socorro que no fabrico
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El contexto

El salmo 121 es uno de los cantos de ascenso, los que se recitaban al subir a Jerusalén. Su tema es la protección del que viaja: el pie que resbala, el sol que hiere, la noche. Cuatro versículos bastan para pasar de la pregunta a la certeza.

El salmo empieza con una pregunta honesta: «Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?». Los montes eran el lugar de donde llegaba lo peligroso —o lo que había que atravesar— y también donde estaban los santuarios. La pregunta no es retórica: es la de alguien que mira a su alrededor buscando de dónde. Y la respuesta mueve el socorro fuera de lo que se ve: «Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra». Después el salmo insiste en algo que suele pasarse por alto: el que guarda *no se duerme*. «No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda». La vigilancia que a ti te falta de noche, el texto la sitúa en otro.

Aplicación práctica

Anota tres cosas de las que estás esperando socorro esta semana —una de dinero, una de salud, una de una relación—. Junto a cada una escribe de dónde crees que vendrá. Después deja la lista donde la veas y, cada noche, añade una línea de lo que sí pasó. Al final de la semana compara: no para corregir a Dios, sino para ver qué de lo que te sostenía eras tú y qué fue recibido.

Para meditar

¿Dónde estás buscando socorro sin haber mirado lo que ya recibiste?

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Oración

Señor, tú no duermes ni te descuidas. Enséñame a esperar socorro de ti sin dejar de agradecer el que ya llegó por manos de otros.


Dirección editorial de RAÍCES · Revisión: Javier Tufiño

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