Devocional · 11 de agosto de 2026
Nuevas cada mañana, aunque anoche no cambiara nada
Lamentaciones 3:22-23
RV1960
Jeremías no escribe esto en un buen día. Lo escribe mirando una ciudad quemada, con el pueblo deportado y su propio oficio de profeta convertido en burla. El libro entero es un lamento, verso tras verso, sin adornos. Y en medio de ese escombro aparecen estas dos líneas: sus misericordias nunca decayeron, son nuevas cada mañana. Fíjate en lo que NO dice: no dice que el problema se resolvió de noche, ni que amaneció con mejores noticias. Dice que la misericordia se renovó. Lo que ayer se agotó —la paciencia, la fuerza, las ganas de seguir— no es lo que Dios está contando para hoy. La fidelidad que sostiene el día viene de afuera y se entrega nueva, como el maná: la de ayer no se guarda, y la de hoy no hay que merecerla antes de recibirla.
Aplicación práctica
Elige una sola cosa que ayer te dejó sin aire —una conversación, una tarea que no salió, una noticia— y escríbela en una hoja. Debajo, escribe esta frase completa: «Esto no se resolvió esta noche, y aun así hoy tengo misericordia nueva para esto». No es positivismo: es no seguir cobrando hoy la factura de ayer. Hazlo antes de abrir el teléfono.
Para meditar
¿Qué estás arrastrando de ayer como si hoy tuvieras que pagarlo otra vez?
Oración
Señor, hoy no traigo el día resuelto: traigo el cansancio de ayer. Gracias porque tu misericordia no depende de cómo amanezco. Dame fuerzas para este día tal como es. Amén.
Dirección editorial de RAÍCES · Revisión: Javier Tufiño